sábado, 2 de junio de 2012

VEGVÍSIR.

Pasan las horas, los días y las semanas, los meses y los años. Yo sigo aquí, donde siempre. Pensando en porqué el universo es eterno y pensando en qué habrá para comer mañana. Sigo con los mismos ojos, y la misma mirada. Las mismas sonrisas y la misma voz chillona pero grave. Sigo viéndolo todo igual, o en tal caso, peor. Sigo sonriendo como antes, si tal en menos ocasiones. Sigo hablando y chillando, pero no son las mismas palabras. Algo que no cambió mucho, es quien soy. Sigo siendo una tía normal en proceso de hacerse persona. Sigo acostándome tarde y levantándome temprano, sigo pensando que debería pensar menos, que la gente no existe, que si explotara mi cabeza sería libre por fin, que no debo amar a las personas y que soy ese corcho que no tiene botella. Sigo pensando mucho en qué escribir y en cómo describirlo. ¿Cómo puedo yo expresar mi sentimiento constante de angustia, de desesperación, de desamparo? ¿Cómo voy a haceros saber que me estoy desangrando mentalmente, que se me mueren los sentimientos o que mi mente fría estalla cada vez que pienso en mi existencia? Pues así. No, no estoy bien de la cabeza, pero ¿quién lo está realmente?

¿Dama blanca? No. Yo no soy una dama igual que las demás. Soy una dama pulpo. Salvo mis deferencias con los demás, teniendo cosas que ellos jamás conseguirán. Soy como la planta carnívora del mundo vegetal, como una lengua inventada dentro de la comunicación, como la Björk de los cantantes de pop. 
Diferente.




sábado, 17 de marzo de 2012

A miña propia Venus.

Esta foi a primeira Venus que tiven o pracer de debuxar. A pesar do seguro suspenso que me caeu no traballo, gustoume moito, demasiado debuxala. O tempo que tiven para facelo, as súas curvas, as sombras que a luz artificial lle daban a algo que parecía tan real e verdadeiro, aquelo maravillábame. Non son unha experta, é máis, todavía non cheguei ao nivel de principiante se falamos de debuxar, pero esforceime en facer todos e cada un dos detalles que tiven o pracer de observar. Encantoume. Mentres eu debuxaba, pensaba en música, esa grandísima e única fonte de inspiración que a min me serve de algo. Cada curva que debuxaba ben, era un instrumento máis que ía engadindo; cada vez que eu correxía esa curva, o instrmento perfeccionaba o seu traballo na canción. Rematei a Venus, ou, polo menos, deille un acabado a pesar de non estar totalmente rematada. E a canción resultande tiña varias cousas. Moito que mellorar, sí, pero non estaba tan mal como eu agardaba que acabara. Agora doume conta, fun capaz de xuntar o arte de escoitar co de debuxar. Creei dúas almas xemelgas. Son o mesmo, cada vez que miro ó debuxo, escoito esa canción. Cada vez que escoito esa canción, vexo o debuxo.
Non separemos o que unha mente perturbada foi capaz de crear.