Pasan las horas, los días y las semanas, los meses y los años. Yo sigo aquí, donde siempre. Pensando en porqué el universo es eterno y pensando en qué habrá para comer mañana. Sigo con los mismos ojos, y la misma mirada. Las mismas sonrisas y la misma voz chillona pero grave. Sigo viéndolo todo igual, o en tal caso, peor. Sigo sonriendo como antes, si tal en menos ocasiones. Sigo hablando y chillando, pero no son las mismas palabras. Algo que no cambió mucho, es quien soy. Sigo siendo una tía normal en proceso de hacerse persona. Sigo acostándome tarde y levantándome temprano, sigo pensando que debería pensar menos, que la gente no existe, que si explotara mi cabeza sería libre por fin, que no debo amar a las personas y que soy ese corcho que no tiene botella. Sigo pensando mucho en qué escribir y en cómo describirlo. ¿Cómo puedo yo expresar mi sentimiento constante de angustia, de desesperación, de desamparo? ¿Cómo voy a haceros saber que me estoy desangrando mentalmente, que se me mueren los sentimientos o que mi mente fría estalla cada vez que pienso en mi existencia? Pues así. No, no estoy bien de la cabeza, pero ¿quién lo está realmente?
¿Dama blanca? No. Yo no soy una dama igual que las demás. Soy una dama pulpo. Salvo mis deferencias con los demás, teniendo cosas que ellos jamás conseguirán. Soy como la planta carnívora del mundo vegetal, como una lengua inventada dentro de la comunicación, como la Björk de los cantantes de pop.
Diferente.

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